Estados Unidos debate cómo reabrir miles de aulas tras un año de cierre

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Millones de niños en todo el país siguen desde el inicio de la pandemia con clases a distancia

La noticia de que las escuelas de Washington iniciarían el curso 2020-2021 de forma al 100% virtual sorprendió a muchas familias de vacaciones. Heather y Matt, empleados federales, padres de dos niños de 4 y 6 niños, estaban en Misuri. “No teníamos ningún plan pero sabía que no queríamos forzar a nuestros hijos a estar delante de la pantalla tratando de aprender algo”.

En aquel momento las cifras de contagios en la capital estadounidense eran muy inferiores a las de las grandes ciudades europeas. El temor, fundado, a un repunte de casos durante Acción de Gracias y Navidad sugería, como así ocurrió, que la situación no cambiaría rápidamente. Alguien les habló de una escuela en Lawrence (Kansas) que sí iba a reabrir. La fueron a visitar y en tres días los niños estaban matriculados. A las dos semanas, habían comprado una casa y puesto en alquiler la suya de Washington. Y allí siguen. “Los dos teletrabajamos y somos afortunados por haber podido tomar estas decisiones. La idea de ser empleados, padres y maestros a tiempo completo nos parecía una receta para el desastre mental”.

No andaban equivocados. Su vecina en Washington, Alex, admite que se sintió “muy aislada” cuando defendía que los niños debían ir a clase. “Desde la toma de posesión de Biden, la gente ha empezado a hablar a favor, pero había mucho miedo”, comenta en el porche de su casa mientras Dereck, de 5 años, sale corriendo con los cascos puestos.

“Entra, entra, que te van a llamar”. Aunque ahora el niño, el mediano de sus tres hijos, va a clase por la mañana, por la tarde debe seguir clases online. La mayor, Hayden, de 7 años, está en otra casa con más niños y una tutora a la que cada familia paga 300 dólares a la semana. “Están agotados, es una pesadilla”, confiesa. “Mi sensación es que dejaron cerradas las escuelas porque políticamente hacía quedar peor al país. Lo convirtieron en algo po­lítico cuando no debía serlo”, lamenta Alex, que trabaja desde casa.

Mientras las ciudades y áreas urbanas, demócratas, se resistieron a reabrir las escuelas, en el interior del país, territorio republicano, como Kansas, ocurría lo contrario, todo al margen de la situación epidemiológica. Las lecciones de la progresiva vuelta a las aulas en Europa fueron ignoradas, y más de la mitad de los estudiantes de Estados Unidos iniciaron el curso de forma virtual. Nueva York, donde hay un alto porcentaje de niños pobres, fue la excepción y optó por un sistema híbrido de clases online y en persona.

Acuerdo
Los Ángeles, Chicago y Washington han pactado reabrir las aulas a los alumnos en mayor situación de riesgo social y académico

Cuando se cumple exactamente un año del cierre, la reapertura de las escuelas sigue siendo la asignatura pendiente de EE.UU. Autoridades locales, maestros, sindicatos y padres siguen debatiendo cómo hacerlo. Los Ángeles, Chicago y Washington han pactado reabrir las aulas a los alumnos en mayor situación de riesgo social y académico, pero aún no plantean una vuelta al 100% a las clases presenciales, cinco días a la semana. El 27% de los centros públicos del país aún ofrece solo clases online, y el 29% ofrece una mezcla de clases presenciales y virtuales, según el portal Burbio.

El presidente Joe Biden ha reiterado esta semana su objetivo de que al final de sus 100 primeros días en el cargo “la mayoría de las escuelas” haya reabierto sus puertas y ha incluido 130.000 millones de dólares en el nuevo plan de estímulos para apoyar el proceso. Es un imperativo educativo pero también económico, para permitir que muchas mujeres vuelvan a trabajar y se frene la creciente brecha entre la tasa de empleo masculina y femenina.

En febrero, el Centro de Control de Enfermedades, el organismo de referencia sobre salud pública en Estados Unidos, actualizó sus recomendaciones. Se supone que debían ayudar, pero muchas familias y profesionales de la medicinan piensan que solo ha complicado las cosas: su consejo sigue siendo que los niños estén a 1,8 metros, una regla que ha llevado a algunos centros a aplicar un tope de once niños por aula.

“Si ves el tamaño de las clases, no es una expectativa realista, pero en muchos sitios se lo han tomado al pie de la letra, cuando la Organización Mundial de la Salud y otros organismos dicen que basta con 90 centímetros, algo más factible”, explica la doctora Joanna Cohen. Médico del Children’s National Hospital de Washington y madre de tres niños, Cohen ha testificado esta semana en el Ayuntamiento para alertar de los efectos negativos de esta situación no solo en el rendimiento académico de los niños sino en su bienestar físico y mental.

Seguridad en las aulas
La recomendación de mantener a los niños a casi dos metros complica la reapertura
“No nos damos cuenta del cambio radical que significa la vacuna, que es increíblemente efectiva”, añade Cohen. La ciudad de Washington, como muchos estados, ha dado prioridad a los maestros para ponérsela. “Ahora que están vacunados, ¿cuáles son las barreras?, ¿por qué no reabrimos? Con distancia, mascarillas, grupos burbuja y vacunas, ¿qué más quieren?”. La respuesta de Elizabeth Davis, la presidenta del sindicato de maestros de Washington, es larga y compleja, como la batalla por la justicia racial en una de las ciudades con mayor segregación del país.

La pandemia ha exacerbado las diferencias entre ricos y pobres, blancos y negros. “Cuando pase no podemos volver a lo de antes, porque esa normalidad no era buena para muchos de nuestros alumnos”, recalca esta educadora negra. El plan de rescate de Biden debería permitir por ejemplo mejorar los sistemas de ventilación de los edificios, pero “las medidas de mitigación recomendadas por la CDC deben mantenerse”, defiende.

“No puede ser que porque tengamos una vacuna de repente se reabra todo al 100%, porque eso va a llevar a un aumento de contagios”, insiste, preocupada por las nuevas variantes y la igualdad en la distribución de la vacuna, que reclaman para todos los empleados, no solo los maestros. “Padres y educadores deben confiar en el plan”, insiste antes de recordar que solo un tercio de las plazas ofertadas en la minirreapertura fueron aceptadas por las familias. Actualmente, solo el 10% de los niños de la ciudad tienen algún tipo de clase en persona.

Cientos de personas se manifestaron ayer ante la oficina de la alcaldesa de Washington, Muriel Bowser, en el centro de Washington para pedir la plena reapertura de las aulas este otoño. Aunque el 70% de los estudiantes del distrito son negros y latinos, casi todo eran caras blancas. “No entiendo por qué no hay más gente de color, esto nos afecta a todos”, comentaba sorprendida Niki, afroamericana. Su hijo de 12 años asiente. Empezó en su nuevo instituto desde su dormitorio y está harto. “No me gusta nada. Ni a mí, ni a mi hermano ni a nadie”.

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