Secuestradores le mutilaron las manos porque no pagaron el rescate

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En el celular de ‘Mario’ hay una foto en la que aparece cargando a su hijo menor. Es el recuerdo de una época feliz en México que se esfumó hace tres años por un secuestro. Los captores pidieron un rescate millonario, su familia no pudo pagarlo y las consecuencias fueron terribles.

Sin mostrar un ápice de compasión, los criminales le mutilaron las manos, lo torturaron dándole descargas eléctricas y lo tiraron en una vereda solitaria creyendo ya estaba muerto, narra ‘Mario’, quien pide no revelar su nombre real por razones de seguridad, en una entrevista con Un noticiero.

“Estuve consciente cuando me cortaron las manos. Yo le pedía a Dios que me quitara la vida. No aguantaba el dolor, es algo que no le deseo a nadie. Es un dolor físico y es un dolor en el alma”, describe con lágrimas este hombre de 35 años.

“Fue Dios el que me ayudó. Le decía que yo no merecía eso, que si él existía que me sacara de ese infierno y me sacó”, continúa su relato.

La vida de este inmigrante mexicano dio un giro cuando estaba en un convivio familiar en México y llegó a su casa un hombre que se presentó como “el encargado” de plaza de un grupo del crimen organizado. Le advirtió que si tenía dinero para hacer una fiesta entonces debía pagarles derecho de piso. ‘Mario’ le dijo que su familia era pobre y que él vivía al día con un ingreso medido como chofer de una empresa de viajes compartidos. El hombre se fue molesto del lugar y no lo volvió a ver jamás.

“A los 15 días, ocho o nueve tipos con máscaras y armas largas entraron a la casa. Nos apuntaron a todos, nos tenían hincados. Fueron por mí”, recuerda.

Los criminales le vendaron los ojos y se lo llevaron en un vehículo a una casa de seguridad. Antes de que comenzara la peor experiencia de su vida lo tuvieron encadenado a un tubo de metal, sentado en una casa llena de sujetos que se comunicaban usando claves y por radios. Lo golpeaban al menor intento de hablar.

No vio nada, pero escuchó todo el horror. “Había mucha gente secuestrada. Oí llantos, gemidos, que los mataban”. Cuando se estancó la negociación telefónica con su esposa, le tocó su turno. Y al confirmar que era una víctima de bajos recursos, comenzaron a desmembrarlo con un objeto punzocortante. Le amputaron la mano derecha hasta el hueso de la muñeca y la izquierda diez centímetros más arriba.

“Me querían cortar los pies, pero dijeron que no había tiempo”, afirma

Miles de secuestros en México
Lo salvó fingir que ya había muerto. Su agonía duró dos días: lo secuestraron en su domicilio la tarde de un domingo y lo arrojaron en un camino de terracería el martes, cuando ya oscurecía. Como pudo, una vez que dejó de escuchar los motores de los autos de los captores, se desató y pidió ayuda. Buenos samaritanos lo transportaron a un hospital, donde despertó tras una cirugía de emergencia.

Tan pronto lo dieron de alta huyó de su comunidad. Dice que el gobierno mexicano prometió ayudarle con atención psicológica y dinero, pero jamás cumplió. Los primeros siete meses su familia deambuló en las casas de sus parientes en México, pero temían que los delincuentes pudieran encontrarlo para asesinarlo. “Vivíamos con mucho miedo. Nos sentíamos perseguidos”, narró.

Casos como el de ‘Mario’ no son ajenos en su país y muchos jamás se denuncian, según organizaciones civiles. En los primeros seis meses de este año se reportaron 523 raptos, un descenso del 14.2% comparado con el mismo período de 2019, según un reporte de la organización Alto al Secuestro.

Este análisis señala, por otro lado, que hubo menos carpetas de investigación en ese tiempo y que bajó un 20% el número de detenidos. Este delito ha sido una constante en México sin importar el partido político del presidente en turno. Desde que juramentó Andrés Manuel López Obrador en diciembre de 2018, se han registrado más de 3,700 denuncias, que es 38% menos que en el sexenio de Enrique Peña Nieto, pero 87.4% más que en la administración de Felipe Calderón Hinojosa.

Alto al Secuestro estima que en promedio ocurren cuatro casos cada día. Los estados con más denuncias son Veracruz, Estado de México, Ciudad de México, Puebla y Morelos.

Una nueva vida en EEUU
‘Mario’ no esperó a ver si la Policía metería a la cárcel a los sujetos que casi lo matan.

Con el dinero que le dieron por la venta de su casa compró pasajes rumbo a Tijuana, donde él, su esposa y sus cinco hijos vivieron tres meses. Luego se presentaron ante agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) en una garita y pidieron asilo. Pasaron la entrevista de miedo creíble presentando pruebas del crimen, pero apenas comenzaba un nuevo periplo en otro país.

Un familiar que los recibió en EEUU los echó cuatro días después diciéndoles que serían una carga. Un tiempo durmieron en la calle, hasta que un amigo de la infancia los recibió en su casa seis meses. Más tarde se mudaron a una ciudad donde el alquiler de la vivienda es más asequible.

A pesar de su discapacidad, ‘Mario’ ha sabido ganarse la vida: vende llaveros y guantes afuera de tiendas. A veces ofrece fruta, churros y miel. Si le piden que lave su carro, lo hace.

“Tengo muchas ganas de vivir”, dice este hombre que sueña con finalmente ganar el asilo. Tiene una cita en octubre, después de que su caso estuvo en pausa debido a la pandemia.

Hace unos días, la asociación mexicana Consorcio Internacional en Defensa de los Derechos Humanos A.C. supo de su caso y le ofreció atención psicológica gratuita. “Es un trauma que sufren este señor y su familia. Ser maltratado, quemado y que le cortaran las manos, es un trauma horrible”, dijo a este medio Sharoon Rondán, subdirectora del grupo, quien dice buscan la manera de ayudarle económicamente.

‘Mario’ no solo ocupa donaciones para mantener a sus hijos, pues un par de prótesis mejorarían su vida. Ya que tiene movilidad en el muñón izquierdo, él cree que podrían adaptarle una prótesis bioeléctrica que le permitiría agarrar objetos nuevamente. Hay un problema: esta vale unos 25,000 dólares.

“Me ayudaría para muchas cosas, para ir al baño, porque ahora me tiene que ayudar mi esposa”, dice.

Este mexicano confía en que, a pesar del costo, tendrá brazos mecánicos. “Nunca voy a darme por vencido”, dice. “Lo importante es que estoy vivo. Quiero olvidar el secuestro y tener una nueva vida”.

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